ROMANOS 12:16 (b)
La segunda parte de este versículo nos confronta con una realidad espiritual: la altivez siempre rompe, mientras que la humildad siempre une. Y es que la arrogancia crea distancia, levanta, paredes y establece jerarquías que Dios nunca puso. La verdadera humildad no se mide por palabras, sino por cómo trato a las personas que no pueden ofrecerme nada a cambio. Jesús se acercó a los que estaban al margen, a los invisibles, a los despreciados. Él no buscó estatus; buscó personas. Es por eso que cuando tú y yo decidimos valorar a todos por igual, sin importar su nivel, posición o influencia, el cuerpo de Cristo se fortalece.
El anhelo de Dios es que seamos una iglesia donde nadie se sienta menos y nadie se crea más.
OREMOS
Jesucristo, ayúdame a valorar a cada persona como Tú la valoras, sin mirar estatus ni conveniencia, y libre de un corazón altivo. Amén.
FRASE
Nada nos hace tan semejantes a Cristo como una vida humilde.
