SANTIAGO 1:19
La comunicación necesita expresión, pero también silencio, atención y disposición para escuchar. En nuestra relación con Dios puede suceder algo parecido, pues podemos acostumbrarnos a orar presentando nuestras necesidades, preocupaciones y peticiones, pero dedicar muy poco tiempo a escuchar lo que Dios quiere enseñarnos por medio de Su Palabra. Santiago nos muestra el valor de ser “prontos para oír”, pues este principio también puede transformar nuestra vida espiritual. Escuchar a Dios no significa esperar necesariamente una voz audible. Significa acercarnos a la Escritura con un corazón dispuesto a aprender, ser corregido, confrontado y dirigido.
Recuerda que escuchar requiere humildad, porque significa reconocer que no siempre tenemos la razón.
OREMOS
Señor, enséñame no solamente a hablarte, sino también a escucharte con un corazón humilde y dispuesto a aprender. Amén.
FRASE
Quien aprende a escuchar, aprende a obedecer.
