JUAN 1:29
Hay una verdad que nunca quiero dejar de recordar, y esa es, que Jesús murió por mí. Pero sabes, esta verdad se vuelve mucho más poderosa cuando dejo de verla solamente como doctrina y la hago personal, recordando que Él fue el Cordero que tomó mi lugar. Mi pecado necesitaba perdón. Mi culpa necesitaba ser limpiada. Y mi vida necesitaba una nueva oportunidad. Y Jesús decidió pagar ese precio. Es por esa razón que no quiero vivir de manera indiferente ante la cruz, sino agradecido, recordando que Su sangre todavía limpia, restaura y transforma.
Si hoy sientes que vives atrapado por la culpa de tus errores, recuerda que puedes acercarte al Cordero y recibir Su perdón y Su gracia.
OREMOS
Señor, gracias por ser el Cordero que tomó mi lugar. Viviré agradecido de tu sacrificio por mí. Amén.
FRASE
El sacrificio de Jesús sigue transformando vidas.
