ÉXODO 3:5
Cuando Moisés se acercó al monte Horeb, vio una zarza que ardía en fuego, pero no se consumía. Y en ese mismo lugar, Dios lo llamó por su nombre y le reveló Su presencia. La zarza es símbolo de la presencia divina que purifica, llama y envía. Lo sorprendente no era que la zarza ardiera, sino que permaneciera en pie sin consumirse. Así sucede con quienes somos tocados por el fuego de Dios: arde en nosotros un propósito eterno, pero no nos destruye, porque es Su poder el que nos sostiene.
Para experimentar esa presencia, debemos humillarnos, quitar el “calzado” del orgullo y rendirnos ante Aquel que nos llama.
OREMOS
Jehová, que no viva bajo mis propios planes, sino para responder en obediencia a Tu llamado. Amén.
FRASE
Su fuego purifica, pero no destruye.
