ROMANOS 12:1
Iniciamos este capítulo con una verdad esencial: la vida cristiana no comienza haciendo, sino rindiendo. Y es que antes de servir, amar, obedecer o caminar, el creyente es llamado a poner su vida entera sobre el altar. Este versículo nos recuerda que no se trata de sacrificios externos, sino de una vida completamente ofrecida, donde cada decisión, actitud y acción se convierten en un acto de adoración. No se trata de una entrega parcial ni ocasional; sino de una respuesta diaria a la misericordia de Dios. Cuando recordamos su misericordia, la entrega ya no es un peso, sino un privilegio.
Y cuando decidimos vivir rendidos, Él transforma lo ordinario en adoración.
OREMOS
Señor, haz de mi vida un altar donde Tu voluntad siempre tenga el primer lugar. En el nombre de Jesús, amén.
FRASE
La verdadera adoración no se canta, se vive.
