SALMOS 42:1
El ciervo corre con desesperación hacia el agua cuando tiene sed; pues no puede vivir sin ella. Así debe ser el corazón del creyente: un alma que no se conforma sin la presencia de Dios. En medio del desierto espiritual, el alma se dienta, reconoce que solo el Señor puede saciar su interior. Y cuando el alma se aleja de Dios, siente la sequedad, pero cuando vuelve a Él, encuentra descanso. El anhelo por Dios no es debilidad, es señal de vida. Y así como aquel ciervo halló fuerza en el agua, tú y yo también hallaremos fuerzas en la presencia del Altísimo.
Te animo para que lo busques con pasión, pues es vital para sobrevivir espiritualmente.
OREMOS
Dios, anhelo, buscarte con pasión, dependiendo siempre de Ti con fe, y descansando en tu gran amor. Amén.
FRASE
Donde hay sed de Dios, siempre habrá un río de Su gracia.
