MATEO 26:75
El canto del gallo no fue solo el sonido del amanecer, fue el eco del alma de Pedro al darse cuenta de su caída. Ese gallo se convirtió en la voz del arrepentimiento, en el recordatorio de que, aun cuando fallamos, Dios no nos desecha. Pedro había prometido fidelidad, pero su miedo lo venció. Sin embargo, el gallo no cantó para condenarlo, sino para despertarlo. Todos le hemos fallado a Cristo con palabras, actitudes o silencios. Y así como Pedro, Dios permite que “cante el gallo” en nuestras vidas para recordarnos Su amor y llamarnos de vuelta a casa.
El perdón de Cristo no solo limpia el error, sino que restaura la fe y renueva el propósito.
OREMOS
Jesús, no quiero huir de Ti, sino correr hacia Tu perdón. Limpia mi corazón y renueva mi propósito. Amén.
FRASE
Cuando el gallo canta, el amor de Dios susurra: “Todavía te quiero”.
