EL BECERRO

ÉXODO 32:4

El becerro de oro no fue solo una figura de metal; fue la imagen visible de un corazón impaciente. Mientras Moisés hablaba con Dios en el monte, el pueblo se cansó de esperar y decidió fabricar su propio objeto de adoración. Ellos desearon tener algo tangible que reemplazara la presencia invisible de Dios. Esa es la misma lucha del corazón humano, pues muchos buscan seguridad en lo visible, en lo que se puede controlar. Hoy, los “becerros” no se moldean con fuego, sino con deseos, éxitos, apariencias o personas. Y cada vez que algo ocupa el primer lugar en nuestro corazón, se levanta un altar equivocado.

Dios quiere de nosotros una adoración sincera, humilde y sin sustitutos.

OREMOS

Señor, líbrame de los ídolos del corazón, y que el brillo de este mundo no apague mi devoción por Ti. Amén.

FRASE

La verdadera adoración no se fabrica, se entrega.

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